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Greenpeace y Kike Figaredo

El 98% de las víctimas de este tipo de explosivos son civiles y la mayoría niños, según Greenpeace

Kike Figaredo, el obispo de la silla de ruedas, ha vuelto a España para pedir al Gobierno que adopte "un papel más pro activo contra las bombas de racimo".


Cuatro jóvenes mutilados por bombas racimo. A. MARTÍNEZ.

Kike Figaredo, el obispo de la silla de ruedas, ha vuelto a España para pedir al Gobierno que adopte "un papel más pro activo contra las bombas de racimo".

En otras palabras, que prohiba la producción, comercialización y almacenamiento de este tipo de explosivos -que almacenan "decenas o cientos" de municiones en su interior que se diseminan por el terreno a la espera de que alguien las active- como hizo con las minas antipersonales en su momento.

Figaredo debe el sobrenombre al trabajo que realiza con niños mutilados por explosivos desde hace 22 años en Camboya. Él es la cara de una petición que Greenpeace y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) hacen al Gobierno de cara a la reunión que tratará el tema en Viena esta semana. Uno de sus argumentos: el 98% de las víctimas de estos artefactos son civiles, y la mayoría niños que se ven atraídos por sus colores brillantes.

El jesuita se rodeó de cuatro menores camboyanos para mostrar los efectos que tienen las bombas en las personas "dos o tres veces al día".

100.000 vidas truncadas
Mek Channeng, de 19 años, es uno de ellos. Pisó una mina cuando la vida le empezaba a sonreír a los 16 años. Sólo conserva el brazo derecho. Él le puso palabras al horror: "Me decía, '¿qué va a ser de mi vida?'. No oía, no hablaba. No quería saber nada de nadie, ni vivir".

Según avanza su historia, una de las 100.000 vidas que Greenpeace calcula se han cruzado con una bomba de racimo, se le entrecorta la voz y enrojecen los ojos. Contactó con el padre Kike: "Allí vi que había más mutilados. Que reían y estudiaban. Todos me apoyaron. Podía ser uno de ellos", recuerda.

Para que no haya más Mek -ni Khun, ni Mao ni Smak, los otros niños-, España debe prohibir las bombas de racimo, dice el padre Kike. "Porque las tiraron hace 30 años, pero siguen explotando. No es un problema de ayer".

Fuente: ADN


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