En su opinión,
la aparente contradicción de abandonar
la práctica religiosa y del relativismo
que se da en las sociedades occidentales, principalmente
en Europa, y el aumento de la solidaridad (equivalente
al valor cristiano de la caridad), se produce
porque la Iglesia católica, no
está adaptada a la realidad y
"en muchos sentidos ha perdido el tren de
lo social".
'Quique' Figaredo,
que se encuentra de visita en España, añade
que "se está buscando en los márgenes,
en la inmigración, en los barrios mas pobres
y en los países más subdesarrollados...
pero esa búsqueda en la vida de los sencillos
llevará a la Iglesia a volver a renacer.
Tenemos el pecado del orgullo y la soberbia, y
si somos capaces y queremos aprender de la gente
sencilla, volveremos a renacer".
Es importante, agregó
"volver a lo auténtico, a recuperar
los valores del Evangelio y aplicarlos a la realidad
cotidiana, porque nos hemos hecho un poco cómodos
en la sociedad del bienestar".
Fuerza y
dignidad
En Camboya he aprendido,
agregó, "que existen valores y visiones
nuevas de la vida... No podemos llevar
con nuestra solidaridad los problemas y fallos
de nuestro mundo, sino que hay que saber encauzar
los esfuerzos y las voluntades en la cultura en
la que nos encontramos, y al final son ellos los
que nos salvan porque tienen mucha mas fuerza
y dignidad pese a a sus problemas, y nos están
ayudando a despertar, a cambiar de paradigma y
de realidad".
El obispo de la
diócesis camboyana de Battambang, que posee
la Gran Cruz de la Orden Civil de la Solidaridad
que le concedió el Gobierno español
en 2004 por su trabajo y labor social en favor
de las personas discapacitadas y los marginados
de Camboya, señala que, aunque se ha avanzado
mucho, todavía quedan muchas minas antipersona
en este país que impiden su desarrollo.
La explosión
de una mina, según Figaredo, es un hecho
terrible con el que nos seguimos encontrando cotidianamente,
y esa situación no sólo es grave
para el que la sufre y su familia, "sino
también para la sociedad que ve frenado
su desarrollo porque produce una reacción
sicológica que deja a mucha gente paralizada".
Ruptura
del tejido social
El dolor,
añade, llega a todos y rompe el tejido
social, y por ello, no sólo está
el trabajo para conseguir limpiar el terreno de
minas, sino que hay que prestar ayuda
médica y psíquica al que
sufre una mutilación, y prepararle ante
una situación que es irreversible.
Enrique Figaredo reconoce que la
colaboración del Gobierno local y de los
lideres religiosos de otras confesiones, como
los budistas, es bueno y fluido en los proyectos
en marcha y en los que van surgiendo para ayudar
al desarrollo del país y en la atención
educativa a los niños y jóvenes.
Sobre la relación con los budistas, el
prelado afirma que es excelente, y en esta línea
defiende la necesidad de seguir impulsando y avanzando
en el diálogo interreligioso.
"En el contexto camboyano,
este diálogo es fundamental, reitera, para
lograr una sociedad inclusiva, en paz, en la que
nadie se quede fuera; es un tema de necesidad
vital, y a mi me dan constantes lecciones los
monjes budistas en esta realidad".
Fin de la impunidad de
las ONG
Sobre los escándalos que
han surgido en España, en los últimos
meses en relación con algunas ONG por el
destino que dan a las ayudas recibidas, el prelado
se muestra tajante en el sentido de que "nos
perjudican a todos", aunque añade
que mayoritariamente la gente está trabajando
muy bien en el desarrollo y la dignidad de los
países en los que desarrollan su labor
social.
Figaredo asegura que la "impunidad"
de las ONG se ha acabado y recalca que ONG y religiosos
no son los dueños de las ayudas sino sólo
los intermediarios para que lleguen
a sus destinatarios.
En este sentido sostiene que las
ONG "ya no pueden hacer lo que quieren; su
impunidad se ha acabado porque existen muchos
mecanismos para controlar que las ayudas llegan
a las personas y proyectos para las que se han
destinado; y nosotros, precisa, tenemos que hacer
un esfuerzo de transparencia,
relación personal e información
con los que nos ayudan".
Fuente:
http://www.elmundo.es