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Entrevista diario “La Razón” a Kike Figaredo Por Javier Esteban

“Lo importante es ser bueno”
Kike Figaredo lleva 21 años ayudando a los más desfavorecidos en Camboya, donde aún se resienten del peor genocidio del siglo XX. “Una parte importante de su ayuda humana, logística, afectiva y educacional se dirige a acoger y reintegrar en la sociedad a niños que pasan por el trauma de ver cómo sus vidas cambian para siempre por culpa de un paso, de una pisada en el lugar equivocado”, cuenta Ruth Toledano, que con su mirada ha plasmado un bello reportaje sobre aquel lugar.

Los desfavorecidos adoran a este obispo de los pobres en Battambang. Kike se preocupa por las personas y no por las ideas. Para nosotros, es un ejemplo de bondad.

¿Dónde empieza tu obra? ¿Cuándo te das cuenta de que Jesús está en los demás?

Esa es la raíz de todo. Yo buscaba a Dios, y buscando llegaron los encuentros. En mi experiencia religiosa y en mi oración salió su mensaje: “Búscame en la gente, yo estoy en la gente”. Yo siempre tuve esa predilección, esa llamada: busqué al Señor en la gente que no posee un lugar digno en el mundo. Trabajé con refugiados, sobre todo con los mutilados de guerra. Hicimos hincapié en los indigentes, en niños huérfanos… Esa orientación la tengo desde los quince años.

¿Tú crees que la proximidad y la compasión es lo que hace específico al cristianismo?

El budismo lo tiene también, pero de otra manera. Hay que pensar que Jesús era así, por eso los cristianos lo tenemos muy claro. Jesús nació, vivió y murió como un marginado, aunque cuando leemos el Evangelio lo olvidamos. Incluso fue refugiado y perseguido. Le asesinan como un no ciudadano romano, como un criminal. Él siempre estuvo con los desposeídos. Es una característica del cristianismo.
En el budismo está, pero en el cristianismo es más radical. También está el perdón, las personas que se sienten indignas, Jesús les dice: “Vosotros sois los primeros”. Esto del perdón y la reconciliación, sí que es específico del cristianismo. El cristianismo está continuamente pidiendo perdón a los pobres.

¿Qué explicación das al sufrimiento?

No lo explico, lo acepto. Está delante de nuestras narices. No tiene ninguna utilidad. Ya podría no existir, pero por estar limitados, por vivir en un mundo material, existe. El dolor más injusto es el provocado por otros semejantes. Que haya personas que no tienen acceso a los medicamentos, a la comida, a una vida digna… El rostro de esta gente, sobre todo en la sonrisa de un niño, como hay tantos en Camboya, está pidiendo: ayúdame a vivir con dignidad. Ahí está la presencia de Dios llamándonos a un cambio.

Tú has dicho que te miman mucho, lo has tomado como un regalo. ¿Eres feliz?

Sí. Aquí, en mi país, estoy de visita. Vengo para traer Camboya a España, estoy de misión. Por eso me encanta venir con personas que nos pueden contar su experiencia. Mi papel es ser traductor, intérprete, ayudarles a que vayan a sitios concretos para que encuentren apoyo.
El tema de las minas antipersonas es muy claro. Necesitamos creer en la paz y saber que la guerra deja unas secuelas horribles en generaciones. Los niños lo explican muy bien, de forma suave que entra en el corazón de cualquiera.

¿Qué es lo que necesitáis para cambiar la situación de Camboya?

Sobre todo es muy importante dar a conocer su situación. Estructurar las necesidades en proyectos técnicos y de financiación. La gente puede actuar desde aquí. Por ejemplo, ahora estamos instalando energía solar en los pueblos, necesitamos placas solares… No sólo necesitamos técnicos también apoyo. Medios financieros.

He podido leer en el artículo de Ruth Toledano que realizas una serie de ceremonias artísticas con los niños…

A mí me gusta mucho la cultura y el baile, especialmente. Camboya tiene una riqueza cultural impresionante. Para basar el mensaje de paz y los estragos de las minas antipersonas, hemos creado un baile: Salen unos chicos vestidos de minas que toman el escenario, después aparece un grupo de mariposas de colores que representan los países del mundo. Finalmente, las mariposas se escapan y llaman a las palomas de la paz y expulsan juntos a las minas. Bailan el baile de la paz. Y hemos escogido el arte tradicional camboyano. Lo hacemos habitualmente, también lo incorporamos en la liturgia. Hay un baile muy típico que es el de la bendición que suele iniciar los actos: en Camboya los ángeles celestiales son mujeres, tiran flores. Las niñas discapacitadas lo están haciendo ahora, en sillas de ruedas, y ellas te bendicen con sus flores.

¿Es verdad que tienes un Cristo no crucificado?

Sí, es cierto. La idea es la del Cristo resucitado que viene y te da la paz. Yo ya había visto una imagen de Buda similar, que dice: “Stop, parar la guerra”. Cristo muestra su llaga y viene a dar la paz. Un Dios vivo que no ha olvidado el sufrimiento.
Nuestro Cristo da la paz a la manera camboyana, con una sonrisa. Los Cristos de Occidente están tristes, enfadados. Nuestro Cristo, en cambio, tiene una cara camboyana, dulce, sonriente.

¿Cómo te recibieron en Camboya cuando llegaste? Porque los cristianos son muy pocos (fueron exterminados, como un tercio de la población, por Polpot), la mayoría practica un budismo casi puro, también quedarán ateos y comunistas…

En Camboya la gente ha quedado tan harta de las palabras del Régimen anterior, palabras que se han vaciado de contenido: solidaridad, comité, decisión en grupo… Cuando las queremos utilizar, la gente se echa para atrás, porque pertenecían a la dirección del Partido. Por eso tenemos que llenarlas de nuevo.
En Camboya, en general, la gente es muy religiosa. Cree que la religión aporta valores positivos de liberación, no de opresión. Y entonces nos ven bien, porque predicamos con las obras y el ejemplo, no con sermones. Yo no soy bueno hablando, pero en la acción creo que soy mejor. Poca homilía y muchos proyectos para que haya una acción social integral, desde la fe o desde otros valores. El caso es que se haga. Ayudamos a la gente: escolarización, hospitales… Nos ven con simpatía por eso, porque ayudamos a la gente. Y ven que no lo hacemos para convertirlos.
Tenemos ahora el proyecto de una Escuela Media en el que colaboramos todos: el gobierno aportando los profesores, los monjes budistas poniendo la tierra y la iglesia católica construyendo el edificio. Nos ven a todos juntos, rezamos todos juntos y juntos resolvemos los problemas. Los monjes tocan el tambor y rezan a su Dios, y nosotros la campana y rezamos al nuestro. Éste es el camino para la paz, colaborando, viviendo juntos.

¿Tenéis tránsfugas entre las religiones?

Sí, hay gente que se convierte al cristianismo y cristianos que se hacen budistas, pero estas conversiones se viven con mucha naturalidad. Es más, conozco alguna familia en la que conviven tres religiones: budismo, cristianismo e islamismo.

¿Pero para ti es importante catequizar?

Sí, pero no prioritario. Lo que hay es que compartir la fe de Jesús, sistematizarlo bien, para relacionarnos, no para ganar adeptos, sino para que le conozcan, para que aprendan. Es también una manera de sentirse incluidos. Yo también voy al templo budista. Los niños en casa rezan antes de comer, la canción es cristiana, pero no sólo rezas a Jesús, es una oración universal porque se pide a Dios que haya comida para todos, y se le da las gracias por el pan de cada día.
Otro proyecto, del que me siento muy orgulloso: el Centro de Niños Discapacitados, Centro Arrupe, se nos ha quedado pequeño. Para conseguir más dinero, hemos comprado unas tierras a las afueras de la ciudad, que la mayoría son arrozales, y hemos ido todos allí a plantar arroz.
También colaboro con un centro budista que alimenta a ancianos, lo lleva un monje budista llamado Sharon, y yo participo con él. Parte del arroz que plantamos irá para estos ancianos.
Mezclar religiones, mezclar edades, situaciones… Pequeños proyectos que simbolizan la colaboración y el estar abierto a los demás.

Se ha puesto un poco en tela de juicio el papel de las ONG`s… Que hay mucha burocracia… ¿En Camboya hay muchas? ¿Actúan bien?

Sí, muchas. Lo que pasa es que bajo la palabra ONG entra todo, es como un gran cajón de sastre. Incluso nosotros entramos dentro de ese término y, aunque lo somos en parte porque no pertenecemos al gobierno, nuestra labor es otra. Lo que sí es verdad es que cuando se produce un mal funcionamiento de una ONG nos mancha a todos. Si hay malversación de fondos, nos salpica a todos. Nosotros intentamos tener transparencia, ser abiertos. Pero tenemos que ser dueños de nuestros proyectos, a pesar de todo no se debe depender de la opinión pública, y siempre hacer lo que se deba hacer, no sólo lo que venda, lo que te dé publicidad.

Cuando Teresa de Calcuta vuelve a Occidente, se da cuenta que también aquí hay mucha necesidad.

Sí la hay, pero existen unas estructuras sociales para paliarla.

¿Pero la gente es más feliz allí que aquí?

Allí se es feliz de una forma más natural. Todo es más orgánico, y se ve con mayor claridad. Por ejemplo, la muerte no está escondida. Los niños también visitan al difunto. Los niños están más capacitados para asumir la muerte y los problemas. Hay gente que se muere en los pueblos porque le da vergüenza ir a un hospital sin dinero. Allí si vas a un hospital, lo primero que te preguntan es que si tienes para pagar; es horrible.
Yo no compararía, somos todos seres humanos pero es verdad que aquí hay mucha soledad, falta de esperanza, de alegría, el stress, las prisas… Aquí está la pobreza que trae el desarrollo, no sabemos decidir de tanto decidir tonterías.
Yo veo más felicidad allí, a pesar de los múltiples problemas que hay, no sólo de pobreza, sino también de alcoholismo, familias rotas… Pero la gente los afronta de otra manera. Aun cuando hay mucha miseria, también hay mucha solidaridad.

Vicente Ferrer se reunía con hinduistas con otras religiones, y opinaba que no tenía mucho que enseñar puesto que ellos ya vivían con Dios…

Yo tampoco me siento diferente, yo comparto mi fe, no estoy en Camboya para que la parroquia se me llene de feligreses y quitárselos a otra religión. Tengo bastante con vivir como un cristiano, y a correr… En Camboya soy obispo para todos y Padre para todos… Sirvo a todos. Camboya fue bramanista una temporada, ahora es budista y, en un futuro, será lo que sea. Lo importante es ser buenos. Los diferentes rostros de Dios son necesarios. Somos necesarios todos.

(Contacto con la misión de Battambang: kike@battambang.net)

Por Javier Esteban

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