¿Dónde empieza
tu obra? ¿Cuándo te das cuenta de
que Jesús está en los demás?
Esa es la raíz
de todo. Yo buscaba a Dios, y buscando llegaron
los encuentros. En mi experiencia religiosa y
en mi oración salió su mensaje:
“Búscame en la gente, yo estoy en
la gente”. Yo siempre tuve esa predilección,
esa llamada: busqué al Señor en
la gente que no posee un lugar digno en el mundo.
Trabajé con refugiados, sobre todo con
los mutilados de guerra. Hicimos hincapié
en los indigentes, en niños huérfanos…
Esa orientación la tengo desde los quince
años.
¿Tú
crees que la proximidad y la compasión
es lo que hace específico al cristianismo?
El budismo lo tiene
también, pero de otra manera. Hay que pensar
que Jesús era así, por eso los cristianos
lo tenemos muy claro. Jesús nació,
vivió y murió como un marginado,
aunque cuando leemos el Evangelio lo olvidamos.
Incluso fue refugiado y perseguido. Le asesinan
como un no ciudadano romano, como un criminal.
Él siempre estuvo con los desposeídos.
Es una característica del cristianismo.
En el budismo está, pero en el cristianismo
es más radical. También está
el perdón, las personas que se sienten
indignas, Jesús les dice: “Vosotros
sois los primeros”. Esto del perdón
y la reconciliación, sí que es específico
del cristianismo. El cristianismo está
continuamente pidiendo perdón a los pobres.
¿Qué
explicación das al sufrimiento?
No lo explico,
lo acepto. Está delante de nuestras narices.
No tiene ninguna utilidad. Ya podría no
existir, pero por estar limitados, por vivir en
un mundo material, existe. El dolor más
injusto es el provocado por otros semejantes.
Que haya personas que no tienen acceso a los medicamentos,
a la comida, a una vida digna… El rostro
de esta gente, sobre todo en la sonrisa de un
niño, como hay tantos en Camboya, está
pidiendo: ayúdame a vivir con dignidad.
Ahí está la presencia de Dios llamándonos
a un cambio.
Tú has dicho
que te miman mucho, lo has tomado como un regalo.
¿Eres feliz?
Sí. Aquí,
en mi país, estoy de visita. Vengo para
traer Camboya a España, estoy de misión.
Por eso me encanta venir con personas que nos
pueden contar su experiencia. Mi papel es ser
traductor, intérprete, ayudarles a que
vayan a sitios concretos para que encuentren apoyo.
El tema de las minas antipersonas es muy claro.
Necesitamos creer en la paz y saber que la guerra
deja unas secuelas horribles en generaciones.
Los niños lo explican muy bien, de forma
suave que entra en el corazón de cualquiera.
¿Qué
es lo que necesitáis para cambiar la situación
de Camboya?
Sobre todo es muy
importante dar a conocer su situación.
Estructurar las necesidades en proyectos técnicos
y de financiación. La gente puede actuar
desde aquí. Por ejemplo, ahora estamos
instalando energía solar en los pueblos,
necesitamos placas solares… No sólo
necesitamos técnicos también apoyo.
Medios financieros.
He podido leer
en el artículo de Ruth Toledano que realizas
una serie de ceremonias artísticas con
los niños…
A mí me
gusta mucho la cultura y el baile, especialmente.
Camboya tiene una riqueza cultural impresionante.
Para basar el mensaje de paz y los estragos de
las minas antipersonas, hemos creado un baile:
Salen unos chicos vestidos de minas que toman
el escenario, después aparece un grupo
de mariposas de colores que representan los países
del mundo. Finalmente, las mariposas se escapan
y llaman a las palomas de la paz y expulsan juntos
a las minas. Bailan el baile de la paz. Y hemos
escogido el arte tradicional camboyano. Lo hacemos
habitualmente, también lo incorporamos
en la liturgia. Hay un baile muy típico
que es el de la bendición que suele iniciar
los actos: en Camboya los ángeles celestiales
son mujeres, tiran flores. Las niñas discapacitadas
lo están haciendo ahora, en sillas de ruedas,
y ellas te bendicen con sus flores.
¿Es verdad
que tienes un Cristo no crucificado?
Sí, es cierto.
La idea es la del Cristo resucitado que viene
y te da la paz. Yo ya había visto una imagen
de Buda similar, que dice: “Stop, parar
la guerra”. Cristo muestra su llaga y viene
a dar la paz. Un Dios vivo que no ha olvidado
el sufrimiento.
Nuestro Cristo da la paz a la manera camboyana,
con una sonrisa. Los Cristos de Occidente están
tristes, enfadados. Nuestro Cristo, en cambio,
tiene una cara camboyana, dulce, sonriente.
¿Cómo
te recibieron en Camboya cuando llegaste? Porque
los cristianos son muy pocos (fueron exterminados,
como un tercio de la población, por Polpot),
la mayoría practica un budismo casi puro,
también quedarán ateos y comunistas…
En Camboya la gente
ha quedado tan harta de las palabras del Régimen
anterior, palabras que se han vaciado de contenido:
solidaridad, comité, decisión en
grupo… Cuando las queremos utilizar, la
gente se echa para atrás, porque pertenecían
a la dirección del Partido. Por eso tenemos
que llenarlas de nuevo.
En Camboya, en general, la gente es muy religiosa.
Cree que la religión aporta valores positivos
de liberación, no de opresión. Y
entonces nos ven bien, porque predicamos con las
obras y el ejemplo, no con sermones. Yo no soy
bueno hablando, pero en la acción creo
que soy mejor. Poca homilía y muchos proyectos
para que haya una acción social integral,
desde la fe o desde otros valores. El caso es
que se haga. Ayudamos a la gente: escolarización,
hospitales… Nos ven con simpatía
por eso, porque ayudamos a la gente. Y ven que
no lo hacemos para convertirlos.
Tenemos ahora el proyecto de una Escuela Media
en el que colaboramos todos: el gobierno aportando
los profesores, los monjes budistas poniendo la
tierra y la iglesia católica construyendo
el edificio. Nos ven a todos juntos, rezamos todos
juntos y juntos resolvemos los problemas. Los
monjes tocan el tambor y rezan a su Dios, y nosotros
la campana y rezamos al nuestro. Éste es
el camino para la paz, colaborando, viviendo juntos.
¿Tenéis
tránsfugas entre las religiones?
Sí, hay
gente que se convierte al cristianismo y cristianos
que se hacen budistas, pero estas conversiones
se viven con mucha naturalidad. Es más,
conozco alguna familia en la que conviven tres
religiones: budismo, cristianismo e islamismo.
¿Pero para
ti es importante catequizar?
Sí, pero
no prioritario. Lo que hay es que compartir la
fe de Jesús, sistematizarlo bien, para
relacionarnos, no para ganar adeptos, sino para
que le conozcan, para que aprendan. Es también
una manera de sentirse incluidos. Yo también
voy al templo budista. Los niños en casa
rezan antes de comer, la canción es cristiana,
pero no sólo rezas a Jesús, es una
oración universal porque se pide a Dios
que haya comida para todos, y se le da las gracias
por el pan de cada día.
Otro proyecto, del que me siento muy orgulloso:
el Centro de Niños Discapacitados, Centro
Arrupe, se nos ha quedado pequeño. Para
conseguir más dinero, hemos comprado unas
tierras a las afueras de la ciudad, que la mayoría
son arrozales, y hemos ido todos allí a
plantar arroz.
También colaboro con un centro budista
que alimenta a ancianos, lo lleva un monje budista
llamado Sharon, y yo participo con él.
Parte del arroz que plantamos irá para
estos ancianos.
Mezclar religiones, mezclar edades, situaciones…
Pequeños proyectos que simbolizan la colaboración
y el estar abierto a los demás.
Se ha puesto un
poco en tela de juicio el papel de las ONG`s…
Que hay mucha burocracia… ¿En Camboya
hay muchas? ¿Actúan bien?
Sí, muchas.
Lo que pasa es que bajo la palabra ONG entra todo,
es como un gran cajón de sastre. Incluso
nosotros entramos dentro de ese término
y, aunque lo somos en parte porque no pertenecemos
al gobierno, nuestra labor es otra. Lo que sí
es verdad es que cuando se produce un mal funcionamiento
de una ONG nos mancha a todos. Si hay malversación
de fondos, nos salpica a todos. Nosotros intentamos
tener transparencia, ser abiertos. Pero tenemos
que ser dueños de nuestros proyectos, a
pesar de todo no se debe depender de la opinión
pública, y siempre hacer lo que se deba
hacer, no sólo lo que venda, lo que te
dé publicidad.
Cuando Teresa de
Calcuta vuelve a Occidente, se da cuenta que también
aquí hay mucha necesidad.
Sí la hay,
pero existen unas estructuras sociales para paliarla.
¿Pero la
gente es más feliz allí que aquí?
Allí se
es feliz de una forma más natural. Todo
es más orgánico, y se ve con mayor
claridad. Por ejemplo, la muerte no está
escondida. Los niños también visitan
al difunto. Los niños están más
capacitados para asumir la muerte y los problemas.
Hay gente que se muere en los pueblos porque le
da vergüenza ir a un hospital sin dinero.
Allí si vas a un hospital, lo primero que
te preguntan es que si tienes para pagar; es horrible.
Yo no compararía, somos todos seres humanos
pero es verdad que aquí hay mucha soledad,
falta de esperanza, de alegría, el stress,
las prisas… Aquí está la pobreza
que trae el desarrollo, no sabemos decidir de
tanto decidir tonterías.
Yo veo más felicidad allí, a pesar
de los múltiples problemas que hay, no
sólo de pobreza, sino también de
alcoholismo, familias rotas… Pero la gente
los afronta de otra manera. Aun cuando hay mucha
miseria, también hay mucha solidaridad.
Vicente Ferrer
se reunía con hinduistas con otras religiones,
y opinaba que no tenía mucho que enseñar
puesto que ellos ya vivían con Dios…
Yo tampoco me siento
diferente, yo comparto mi fe, no estoy en Camboya
para que la parroquia se me llene de feligreses
y quitárselos a otra religión. Tengo
bastante con vivir como un cristiano, y a correr…
En Camboya soy obispo para todos y Padre para
todos… Sirvo a todos. Camboya fue bramanista
una temporada, ahora es budista y, en un futuro,
será lo que sea. Lo importante es ser buenos.
Los diferentes rostros de Dios son necesarios.
Somos necesarios todos.
(Contacto con la
misión de Battambang: kike@battambang.net)
Por
Javier Esteban