Minas
antipersona
Las minas antipersonas son un
tipo de mina terrestre. Están diseñadas
para matar o incapacitar a sus víctimas.
Se utilizan para colapsar los servicios médicos
enemigos, degradar la moral de sus tropas, y dañar
vehículos no blindados. Por ello, se busca
sobre todo que hieran gravemente o mutilen, y
no tanto que maten, ya que un muerto no causa
tantos problemas como un herido. Así, sus
efectos más comunes son amputaciones, mutilaciones
genitales, lesiones musculares y en órganos
internos, quemaduras...
Se calcula que hay más de 110 millones
de minas repartidas en más de 64 países.
Cada año más de 26.000 personas
mueren o sufren traumáticas mutilaciones
debido a las explosiones de estas armas que no
distinguen entre combatientes y población
civil. Pueden permanecer activas durante más
de 50 años después del fin de un
conflicto. Frecuentemente no se señalizan
las zonas minadas, ya que son lanzadas arbitrariamente
desde aviones o desde lanzadoras sin ningún
control sobre la zona en que caen..
La mina antipersona es uno de los tipos de armamento
más desarrollado y fatídicamente
certero de las últimas décadas.
Su objetivo principal no es matar, sino incapacitar
o herir a sus víctimas, especialmente a
la población civil. Por este motivo se
activan por la presión de un peso muy ligero
(muchas de sus víctimas son niños).
El tipo de mina antipersona más frecuente
es la mina explosiva, que estalla cuando la víctima
la pisa directamente, produciendo la amputación
del pie o de la pierna y provocando lesiones graves
en la otra pierna, genitales, e incluso en los
brazos. Las minas direccionales de fragmentación
y las minas saltadoras matan o mutilan a la víctima
que las acciona e incluso a todas aquellas personas
que se encuentran en su letal radio de acción.
El 90% de las víctimas de las minas antipersona
son civiles. Aún después de finalizada
una guerra, su presencia en carreteras, caminos
y campos de cultivo es una amenaza constante para
la población e impide la vuelta a la normalidad
y el desarrollo económico del país
tras el conflicto. Las minas antipersona provocan
cada año más de 20.000 víctimas
(o lo que es lo mismo, una víctima cada
20 minutos), principalmente civiles, e hipotecan
el desarrollo de muchas sociedades ya que impiden
poder explotar el único recurso de que
disponen: el campo.
Colocar una mina puede costar 1,8 euros, pero
desactivarla puede llegar a mucho más:
hasta 718 euros. Frecuentemente son las mismas
empresas productoras de minas las que proporcionan
servicios de desminado, en un ejercicio de negocio
ya que están diseñadas para mutilar,
más que para matar. Este aspecto es destacado
frecuentemente en la publicidad de algunos fabricantes:
"es mejor mutilar al enemigo que matarlo,
ya que una persona minusválida supone un
coste económico, social y moral mucho más
duro que el de una persona muerta". Con los
recursos actuales necesitaríamos unos mil
años para retirar todas las minas enterradas
alrededor del mundo.
Los principales países productores, que
forman un arsenal de entre 180 y 185 millones
de minas, son los Estados Unidos, China, Rusia,
Israel, Pakistán, Sudáfrica, Corea
del Norte y del Sur, Nepal, India, Pakistán,
Singapur i Vietnam.
Los países más afectados por esta
plaga son Camboya (10 millones de minas; uno de
cada 236 ciudadanos está mutilado), Angola
(9 millones de minas; uno de cada 470 habitantes
está mutilado) Bosnia-Herzegovina, Afganistán,
El Salvador, Nicaragua, Colombia, Sudán,
Mozambique, Somalia e Irak.
Movilización antiminas
En febrero de 1997 los grupos parlamentarios del
Congreso de los Diputados aprobaron unánimemente
una Proposición No de Ley instando al Gobierno
a remitir a la Cámara un proyecto para
regular la prohibición total de las minas
antipersona, bombas de racimo y armas de efecto
similar. Un proyecto que debería conllevar
la prohibición de la fabricación,
el comercio, el uso y la exportación de
las minas y también la destrucción
de las existencias de este armamento.
Finalmente, en diciembre del mismo año
un centenar de Estados de todo el mundo firmaron
el Tratado de Ottawa, un texto definitivo para
la prohibición total de las minas. España,
aunque reticente al principio, también
lo suscribió. La campaña internacional
(ICBL) obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1997.
A día de hoy el Tratado ha sido ratificado
por 144 estados. Se dice que los estados parte
en la Convención de Ottawa ya han destruido
37 millones de ellas. La reciente adhesión
a la Convención de Afganistán y
Angola -dos de los países más infectados
de minas- ha sido especialmente bien acogida.
En noviembre de 2004 140 países se reunieron
en Nairobi por un “Mundo libre de minas”
para evaluar los logros conseguidos y revisar
los puntos pendientes. Este encuentro se llevó
a cabo en el séptimo aniversario de la
aprobación del Tratado de Ottawa y cinco
años después de su entrada en vigor
y finalizó con el compromiso de la adopción
de un Plan de Acción para los próximos
cinco años que acelere la destrucción
de minas y garantice el desminado de las zonas
afectadas así como la asistencia de las
víctimas.
La eliminación de las 820.000 minas antipersona
almacenadas por el ejército español
comenzó el 27 de julio de 1998 y se completó
un año después. De esta forma, nuestro
país daba un paso más para el cumplimiento
del Tratado de Ottawa.
Las ONG españolas centran ahora su trabajo
en velar para que el gobierno español contribuya
a la asistencia de las víctimas y al desminado
de los países afectados. A nivel internacional
hay todavía muchos países que no
han firmado el Tratado de Ottawa: es, como decíamos,
el caso de los Estados Unidos, Rusia, China o
Pakistán, por citar algunos, todos ellos
destacados productores de minas.
Por este motivo, la campaña por la eliminación
de las minas sigue luchando para conseguir que
más estados suscriban el Tratado de Ottawa
y para que los que ya lo han firmado actúen
con firmeza en el proceso de destrucción
y de prohibición de las minas antipersona.
Desde el Tratado de Ottawa la utilización
de estos artefactos ha disminuido notablemente,
en 1999 eran quince los gobiernos que las utilizaban
y en el 2003-2004 esta cifra ha disminuido a cuatro.
Pero a pesar de este avance, no debemos olvidar
el grave problema que conlleva para las víctimas
normalizar su vida y es aquí donde no se
está avanzando lo suficiente. Lo mismo
ocurre con la desminación de las zonas
afectadas en las que los fondos para atención
a las víctimas y la limpieza de minas está
descendiendo. Los estados que ya han adoptado
la Convención tiene una fecha clave en
el horizonte: a más tardar a finales de
2009, la mayoría de los estados tiene que
haber destruido sus reservas de minas antipersona
y limpiado las zonas minadas de su territorio.
Fuente:
Wikipedia
