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EL PROCESO DE OSLO

España ha sido productora de minas antipersonales hasta 1999, hoy lo es de bombas racimo.

En Camboya y Laos treinta años después de la guerra de Vietnam, escenario en el que se probó y desarrollo con éxito este tipo de armamento, siguen causando estragos entre los campesinos y sus familias.

De Oslo llega la iniciativa de firmar el tratado que prohíba la fabricación y almacenamiento de estas armas asesinas, de población civil y de niños, muchos años después de terminada la guerra en la que se utilizaron.

El Proceso de Oslo es una iniciativa impulsada por el gobierno de Noruega a raíz del fracaso de la Convención de la ONU sobre Ciertas Armas Convencionales (CCW en sus siglas en inglés), donde resultó imposible acordar acciones urgentes para evitar el impacto humanitario que causan las bombas de racimo. La conferencia de la CCW, celebrada el mes de noviembre de 2006, no tuvo en cuenta los más de cinco años de discusiones sobre estas bombas y la presión de más de 30 países que apoyaban las negociaciones para su control. Ante esta situación, el gobierno noruego anunció su intención de iniciar un proceso internacional para crear un tratado que prohíba las bombas de racimo
.
España las produce y comercializa. Empresas como Expal (empresa pública) e Instalaza fabrican bombas de racimo. Por tanto es absolutamente necesario que el gobierno español ratifique el tratado de Oslo, y todos debemos comprometernos en esta acción.

Las bombas de racimo, o de fragmentación, son unos proyectiles de caída libre o dirigida, que pueden ser lanzados desde tierra, mar o aire y que se abren en su trayectoria, dejando caer cientos de cargas explosivas. En teoría, estallan cuando alcanzan el suelo, pero esto no siempre es así. Tienen un margen de fallo en su detonación de hasta el 30%, por lo que algunas pueden quedar enterradas sin explosionar, convirtiendo el área afectada en un amplio campo de minas. Resultan peligrosas especialmente para los niños por sus formas y colores llamativos, similares a piedras, pelotas de tenis o latas de refrescos. A pesar de que la inmensa mayoría de las víctimas son civiles, son también un problema para los propios soldados. De hecho, constituyen el mayor riesgo para los cascos azules destinados en la actualidad en el sur de Líbano (entre ellos, el contingente español), donde Israel habría arrojado cuatro millones de submuniciones durante el conflicto armado de 2006, el 90% de las cuales durante las 72 horas finales de bombardeo.

Países recientemente bombardeados con bombas de racimo

Kosovo 1999
De las 26.000 bombas que se lanzaron sobre estos territorios, casi 1.800 eran bombas de racimo, que dispersaron un número cercano a 300.000 municiones. Los objetivos fueron puestos militares, vehículos en las carreteras, concentraciones de tropas, unidades blindadas y centros de telecomunicaciones. Entre 100 y 150 civiles murieron como consecuencia de estos ataques.

El Centro de Coordinación sobre Minas de la Misión de Naciones Unidas en Kosovo (UNMIK) asegura haber destruido más de 18.000 municiones de racimo entre 1999 y 2005. Todas las zonas donde se tenía conocimiento de su existencia fueron limpiadas de acuerdo a los estándares internacionales aunque UNMIK sigue encontrando municiones en zonas donde no se esperaba que aparecieran.

Afganistán 2001
En Afganistán, las bombas de racimo han sido usadas desde los años ochenta por los soviéticos, el régimen talibán, la Alianza del Norte (oposición a los talibán) y las tropas de EE UU.
En octubre de 2001, un mes después de los ataques del 11 de septiembre, EE UU y varios países aliados comenzaron una ofensiva en este país para capturar a Osama Bin Laden y los principales líderes de la organización Al Qaeda, y expulsar del poder al régimen talibán, que les había acogido en el país.

En 2001 y 2002, durante la ofensiva estadounidense, se lanzaron más de 1.200 bombas de racimo con casi 250.000 submuniciones contra bases militares y posiciones de los talibán. Estos objetivos se encontraban cerca de pueblos y aldeas, cuya población civil resultó afectada. Los equipos de desminado de la ONU estiman que en torno a 40.000 municiones no explotaron. El número de víctimas documentadas en este país supera las 700, de ellas, 150 murieron.

Irak 2003
Irak es otro punto donde las bombas de racimo han sido un peligro constante durante muchos años. Se han usado en numerosas ocasiones: durante la guerra Irán-Irak, en la Guerra del Golfo de 1991, en las operaciones militares posteriores de la coalición internacional, en la guerra de 2003 y durante la ocupación. Este país ha sufrido constantes guerras y operaciones militares durante las últimas décadas.

En 2003, fuerzas de la coalición internacional liderada por EE UU invadieron Irak utilizando argumentos alternativos y diversos como que tenía armas de destrucción masiva, vínculos con el terrorismo de Al Qaeda y, finalmente, que se iba a deponer a un gobierno tiránico para llevar la libertad y la democracia. A su vez, esto sería el punto de partida para transformar el paisaje político de Oriente Medio.

Las fuerzas aliadas lanzaron, en las operaciones aéreas, unas 2.500 bombas con más de 440.000 submuniciones. Y esto sólo en los 16 primeros días. Landmine Action ha confirmado que 200 personas murieron y más de 800 resultaron heridas.

Pero hay que recordar que esta información es parcial e incompleta y que incluso, en los primeros días del posconflicto, la Autoridad Provisional de la Coalición (APC) tomó medidas para evitar las investigaciones, especialmente sobre bombas de racimo.

Líbano 2006
En el conflicto militar que siguió, Hezbolá mató al menos a 40 civiles israelíes mediante el lanzamiento de cohetes sobre áreas civiles, mientras que Israel lanzó bombardeos masivos sobre todo el territorio libanés seguidos por el envío de fuerzas terrestres.

Al menos 1.000 libaneses murieron y casi un millón de personas se vieron obligadas a desplazarse a causa del conflicto, que también causó daños catastróficos a las infraestructuras civiles libanesas, incluyendo carreteras, puentes, hospitales, escuelas, plantas eléctricas, etc.

El Gobierno de Israel afirma que no atacó objetivos civiles y que sólo usó armas permitidas de acuerdo al Derecho Internacional, pero varias ONG presentes en el terreno y las fuerzas de la ONU señalan que hubo bombardeos masivos con bombas de racimo, sobre todo en las últimas horas de la guerra. Fueron alcanzados pueblos, aldeas y terrenos de cultivo, y miles de de bombas y municiones quedaron sin explotar.

El Comité Internacional de la Cruz Roja ha denunciado que amplias regiones del sur de Líbano están cubiertas por municiones de racimo sin explotar, que son un gran peligro para los desplazados que tratan de regresar a sus hogares y también para aquellos que trabajan en tareas humanitarias y de reconstrucción.

Las municiones están también esparcidas por las tierras de cultivo (incluso en las ramas de los olivos y cítricos), por lo que la recuperación de la actividad agraria será mucho más lenta y peligrosa.

En noviembre de 2006, los restos de las bombas de racimo habían matado al menos a 22 personas, y otras 130 habían resultado heridas. El equipo de acción sobre minas de la ONU en el sur de Líbano ha calculado que, teniendo en cuenta los lugares localizados y el número de municiones encontradas en la fase de desminado de emergencia, el número de submuniciones sin detonar que permanece en el sur del país rondaría el millón de unidades.

Más información:
Amnistía Internacional:
www.amnesty.org/es


Cluster Munitions Coalition:
www.stopclustermunitions.org/


Handicap Internacional:
www.handicap-international.us/our-fight-against-landmines-and-cluster-bombs/in-brief/

Landmine Action:
www.landmineaction.org/


United Nations Mine Action Centre:
www.mineaction.org/

Campaña en España:
www.stopbombasracimo.org/index.php


www.canalsolidario.org/web/noticias/noticia/?id_noticia=9710